Tus ojos recién nacidos, Izarbe,
tus ojos chispeantes,
abiertos,
enormemente abiertos,
cuando me oías.
Tus ojos infantiles, Irene,
tus ojos ilusionados,
atentos,
siempre atentos,
cuando me veías.
Ójala pudiera volver a mirar vuestra mirada con mi mirada
y sentir de nuevo vuestra inmensa alegría,
aunque, si cierro los ojos y miro,
os siento de nuevo a mi lado.
Gracias.
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