Ayer la vi...
y ya no era ella,
ya sólo era una señora gris
y educada,
sin la chispa de su mirada,
sin sus palabras cálidas,
acogedoras,
sin su sonrisa emocionada.
Ayer la vi...
y ya no era ella,
ya no era la de las promesas enamoradas
y los sentimientos compartidos...
y mi corazón se encogió
y lloró de pena
porque ya no era ella.
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