Vivimos tiempos de totalitarismo social donde el pensamiento libre, independiente, el diálogo escuchando, el ponerse en lugar de otra persona para entenderla y buscar acuerdos y puntos de encuentro abocan al ostracismo, a la marginación, cuando no al acoso y a la persecución personal, económica y social a través de las nuevas armas del poder.
En esta sociedad líquida ya no son las fuerzas del orden, las pistolas o los tanques, ahora son las redes digitales y el control social a través de esas herramientas, nuevas armas invisibles, si, pero mucho más poderosas que las otras por su invisibilidad y porque son capaces de crear y de manejar masas, rebaños que activan como manadas humanas, dóciles y acríticas, contra las personas o las ideas que no quieren que se escuchen o se extiendan, y demonizarlas.
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