viernes, 20 de diciembre de 2019

El elefante encadenado

Este era un niño al que una vez, su padre decidió llevar al circo para entretenerlo. Allí pudo ver a animales de todo tipo, enormes tigres y leones, monos diminutos y hasta un gran elefante. Tristemente todos ellos se encontraban enjaulados. El elefante por su parte, se hallaba sujeto a una delgada estaca de madera por una cadena que rodeaba su pata.

Al ver esto, el niño se preguntó porque el elefante no escapaba. La cadena no se veía muy fuerte y la estaca era poco resistente. Estaba seguro de que si él daba un fuerte tirón lograría liberarse aunque tuviera que llevarse a todo el circo por delante.

Sin embargo permanecía en su lugar, quieto y obediente.

Papá, ¿cómo es posible que ese elefante no haga nada por huir? –preguntó el niño– Mira que débil se ve esa manera, ¿por qué no se echa a correr?

El padre observó al animal y luego le habló a él:

Lo que pasa es que está amaestrado. Lo entrenaron desde pequeño para seguir las órdenes de su cuidador.

Y si está amaestrado, ¿entonces por qué le ponen la cadena? –insistió el chiquillo, pensando que aquello no tenía sentido.

Esta vez, el padre no supo que contestar:

Supongo que lo hacen por costumbre –dijo dubitativo y el niño no se quedó muy satisfecho con la respuesta.

Años más tarde, al crecer y reflexionar en la misma situación, volvió a buscar una respuesta. Y esta vez alguien le dijo algo que resolvió la incógnita por completo:

"El elefante no escapa porque desde que era pequeño, lo encadenaron a una estaca igual. Siendo tan indefenso en ese entonces, es probable que haya tratado de soltarse una y otra vez en vano. Que haya sudado, se haya esforzado al máximo y llorado sin mover la estaca ni un milímetro. Hasta que llegó el día en que se resignó y dejó de intentarlo".   

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Adaptación de un cuento de Jorge Bucay

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