Mi vida son recuerdos,
nada más que recuerdos,
recuerdos de silencios, de palabras,
de olores y de miradas,
recuerdos de caricias, de abrazos y de besos,
recuerdos despiertos
y recuerdos, a veces, dormidos,
recuerdos que inventamos
y recuerdos que un día nos abandonan
como si nunca hubieran existido.
Y, mientras, nos esforzamos,
nos desesperamos,
por respirar cada instante
y atraparlo en las redes
de nuestros recuerdos,
por fijarlo en nuestra memoria
con la trampa del tiempo
y sólo son instantes,
instantes que se nos escapan
entre los dedos
como el agua de una playa olvidada,
o la arena de un desierto imaginado.
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