jueves, 16 de enero de 2020

No creer en imposibles

Un amigo mío, José, paseaba por los caminos del valle con su hijo de cuatro años, Pedro. Cuando llegaron a una zona de prados rodeados con una pequeña valla, el padre la saltó y se dispuso a coger a su hijo para ayudarle a pasarla.

Entonces, asustado, vio que su hijo se iba para atrás, tomaba carrerilla y se disponía a saltarla él solo. El padre, todo un aventurero acostumbrado a deportes de riesgo y a vivir la vida al límite, le dijo:

– "Espera Pedro, no podrás saltarla, yo te ayudo".

Pedro no hizo caso. Lo miró. Echó a correr y saltó la valla. Entonces le dijo a su padre:

"Papá, cuando empezarás a no creer en imposibles y a intentar las cosas".

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