Una mañana llegó hasta un monasterio muy famoso por ayudar y atender a las personas más pobres de toda su comarca y por la sabiduría del maestro que lo dirigía.
Cuando se acercaba quedó admirado por su enorme tamaño y lo bien cuidado que estaba.
Sin embargo se sorprendió porque junto a él pasaba un pequeño río lleno de basura y de abandono. Como vio a un grupo de lamas paseando por su orilla se acercó a saludarles. Entre ellos estaba el gran maestro y se presentaron.
Cuando llevaban un rato caminando, el joven lama, no pudo resistir más y le dijo:
– "Qué pena, este río tan bonito y que esté tan sucio y tan abandonado".
El gran maestro se lo quedó mirando con calma y le dijo con una sonrisa:
– "Qué bien que te hayas dado cuenta nada más llegar. ¿Ves aquel cobertizo de allí? En ese cobertizo hay herramientas, cuando quieras puedes coger una y comenzar a limpiarlo".
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Una historia adaptada de una anécdota que le ocurrió a Pablo Lamora en la India
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