El hombre llegó muy feliz porque, además de una casa en aquel pueblecito, desde sus ventanas veía un hermoso paisaje de montaña y tenía un poco de terreno que un día sería su jardín.
El primer año arrancó todas las malas hierbas, labró la tierra y decidió esperar a la primavera para sembrar césped y plantar su jardín. Pero al llegar la primavera y echar las primeras semillas en la tierra y colocar las primeras plantas, se encontró con que las malas hierbas, que llevaban años y años en aquel terreno, volvían a crecer con más fuerza y lo volvían a invadir todo ahogando lo poco que había comenzado a sembrar.
Entristecido se fijó que su vecina, una agraddable viejecita con la que había trabado una buena amistad, tenía un jardín precioso y al lado un huerto espléndido sin malas hierbas. Así que le preguntó:
– "Hola vecina, ¿cómo consigues tener tu terreno tan bien cuidado y sin ninguna mala hierba?".
Y la abuelita le explicó:
– "Es fácil, sólo necesitas paciencia, cuidar la tierra con cariño y a las plantas y, nada más quitar los hierbajos, sembrar tus semillas y plantar tus plantas cuanto antes para que no dejen crecer la maleza. Si vuelve a salir, quítala cuando estés preparado para sembrar y plantar y, con los años, tus plantas llenarán todo el jardín y los hierbajos ya no tendrán sitio para crecer".
---------------------------------
Cuento de José Luis Murillo García
No hay comentarios:
Publicar un comentario