martes, 24 de diciembre de 2019

Las malas hierbas

Cuentan que un hombre de una ciudad enorme decidió irse a vivir a un pequeño pueblecito de la montaña.

El hombre llegó muy feliz porque, además de una casa en aquel pueblecito, desde sus ventanas veía un hermoso paisaje de montaña y tenía un poco de terreno que un día sería su jardín.

El primer año arrancó todas las malas hierbas, labró la tierra y decidió esperar a la primavera para sembrar césped y plantar su jardín. Pero al llegar la primavera y echar las primeras semillas en la tierra y colocar las primeras plantas, se encontró con que las malas hierbas, que llevaban años y años en aquel terreno, volvían a crecer con más fuerza y lo volvían a invadir todo ahogando lo poco que había comenzado a sembrar.

Entristecido se fijó que su vecina, una agraddable viejecita con la que había trabado una buena amistad, tenía un jardín precioso y al lado un huerto espléndido sin malas hierbas. Así que le preguntó:

"Hola vecina, ¿cómo consigues tener tu terreno tan bien cuidado y sin ninguna mala hierba?".

Y la abuelita le explicó:

"Es fácil, sólo necesitas paciencia, cuidar la tierra con cariño y a las plantas y, nada más quitar los hierbajos, sembrar tus semillas y plantar tus plantas cuanto antes para que no dejen crecer la maleza. Si vuelve a salir, quítala cuando estés preparado para sembrar y plantar y, con los años, tus plantas llenarán todo el jardín y los hierbajos ya no tendrán sitio para crecer".

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Cuento de José Luis Murillo García

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