– "Mira aquel hombre que lleva su abrigo. El que consiga que se lo quite, será el más fuerte".
Y dicho esto, mientras el sol se ocultaba entre las nubes, el viento empezó a soplar y soplar muy fuerte, pero cuanto más soplaba y más se enfadaba, más fuerte se sujetaba el abrigo aquel hombre.
Al cabo de un rato el viento se cansó de soplar sin conseguir nada.
Entonces le tocó el turno al sol. Cuando el sol salió y empezó a calentar más y más, tanto que el hombre empezó a sudar y tanto calor sentía que al final se quitó el abrigo.
El sol, con sus caricias, había conseguido lo que el viento con toda su fuerza y su enfado no pudo.
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Fábula de Esopo
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