martes, 24 de diciembre de 2019

Pigmalión y Galatea

Cuenta Ovidio en su "Metamorfosis" que existió un rey en Chipre, Pigmalión, que buscaba una mujer perfecta.

Después de viajar por todo su reino y no encontrar ninguna que fuera como él la imaginaba, empezó a modelar una estatua con forma de mujer y, de rey, se convirtió en escultor, porque dedicaba casi todo su tiempo a aquella estatua. Cuanto más la modelaba, Pigmalión, más sentía que era la mujer que había estado buscando, pero se preguntaba:

"¿Cómo voy a enamorarme de una simple estatua?".

Pasaron los días y eso ocurrió. Al terminarla, Pigmalión, estaba totalmente enamorado de su obra. La miraba y la remiraba, le contaba historias, la imaginaba alegre, tierna, delicada, suave..., comía junto a ella...

Quiso la suerte que la diosa Afrodita llegara hasta la ciudad de Amatonte, allí donde vivía Pigmalión. Llegó justo en el momento en el que éste rogaba encarecidamente a los dioses:

"Si es verdad que tenéis tanto poder, os ruego que deis vida a esta estatua para poder vivir con ella".

Afrodita quiso complacer al apenado rey y cuando Pigmalión volvió junto a su estatua tras sus ruegos, en un sencillo beso descubrió que parecía irradiar calor como si tuviera vida. Se apartó para mirarla, no fuera que aquella sensación sólo fuera producto de su propio calor, pero la estatua comenzó a moverse porque su sueño se había cumplido y por fin tenía por compañera la mujer que había soñado y le dio nombre, Galatea.

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Adaptación del mito de Pigmalión y Galatea de la "Metamorfosis" de Ovidio

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