Un día, un precioso caballo salvaje apareció en el establo del anciano labrador buscando agua y comida. El hijo oyó el ruido y cuando vio el hermoso caballo cerró la valla del establo.
La noticia corrió por toda la aldea y los vecinos fueron a ver el caballo y a felicitar al anciano labrador y a su hijo:
– "Qué buena suerte habéis tenido."
El labrador les respondió:
– "¿Buena suerte? ¿Mala suerte? Quién sabe... el tiempo dirá"
Al dia siguiente el caballo saltó la valla de un brinco y regresó a sus montañas. Los vecinos del anciano labrador se acercaron para consolarlos y les dijeron:
– "Qué mala suerte habéis tenido."
El labrador les respondió:
– "¿Mala suerte? ¿Buena suerte? Quién sabe... el tiempo dirá"
Una semana después, el caballo regresó de las montañas trayendo consigo una manada inmensa hasta el establo donde sabía que encontraría alimento y agua para todos los suyos. Los vecinos volvieron a felicitarles:
– "Qué buena suerte habéis tenido."
El labrador les respondió:
– "¿Buena suerte? ¿Mala suerte? Quién sabe... el tiempo dirá"
Al día siguiente, el hijo del labrador intentó domar al guía de todos los caballos salvajes. Si le domaba, ninguna yegua ni potro escaparían del establo. Cuando el joven lo montó para dominarlo se cayó al suelo y se le rompió una pierna. Los vecinos del anciano labrador se acercaron para consolarlos y les dijeron:
– "Qué mala suerte habéis tenido."
El labrador les respondió:
– "¿Mala suerte? ¿Buena suerte? Quién sabe... el tiempo dirá"
Unas semanas más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Pero cuando vieron al hijo del labrador en tan mal estado, le dejaron tranquilo, y siguieron su camino.
Los vecinos que quedaron en la aldea fueron a ver al anciano labrador y a su hijo, y a expresarles la buena suerte que había tenido el joven al no tener que partir hacia una guerra que, con mucha probabilidad, acabaría con la vida de muchos de sus amigos y les dijeron:
– "Qué buena suerte habéis tenido."
El labrador les respondió:
– "¿Buena suerte? ¿Mala suerte? Quién sabe... el tiempo dirá"
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