La lluvia otra vez. La lluvia resbalando por su cara. El pelo empapado. La ropa chorreando. La lluvia otra vez.
María caminaba más despacio. Quizás por el peso del agua, quizás por volver a disfrutar de aquella sensación de infancia cuando su madre le gritaba:
- ¡María entra, que vas a coger un pasmo!
Y María entraba a paso lento intentando atrapar las últimas gotas de lluvia para revivir su cuerpo con la frialdad del agua.
Pero aquella tarde no tenía tiempo para el agua. En realidad no tenía tiempo para nada. Acababan de llamarla y, cuando escuchó la noticia, permaneció un instante infinito sin saber que decir ni que hacer.
- ¿Seguro? -es lo único que salió de su boca antes de colgar.
María se puso un abrigo y salió a la calle como una sonámbula. Sólo la lluvia la devolvió a la realidad.
No podía creerlo. Marcos había tenido un accidente. Marcos.
Hacía más de tres años que no le veía. Pero era Marcos. Con él vivió parte de su vida y, aunque su relación había terminado hacia muchos años, seguía siendo Marcos.
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